Saluda del Parroco- Cristo 2017

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Llamados a crecer

A punto estás de ver pasar por calles escalonilleras, como en las calles de Jerusalén, al Santísimo Cristo.

La Cruz, a cuestas sobre sus hombros, se desploma a nuestra mirada como bendición y la sombra de sus palos se hace cobijo protector.

La expresión de su rostro volverá a ser buscada por muchos para que sus ojos y los nuestros se encuentren, viviéndose una vez más la experiencia real de tantos personajes del Evangelio que queriendo observarle se sintieron mirados, encontrados.

No podrás negar la respuesta que esa mirada te arranca como pregunta silenciosa lanzada cual dardo al corazón de cada escalonillero: “¿Quién soy Yo para ti?”

Es fácil y tentador quedarse sólo en la respuesta de una imagen del S. XX. En un “dios de madera”, a nuestro alcance, pero que no puede salvar.

Posiblemente en la fe de un escalonillero se descubre algo mucho más profundo. Algo que va mas allá de una talla de madera. Pero planteémoslo: si quitáramos la imagen, ¿qué nos quedaría?. No asuste la pregunta pues tenemos respuesta, y no cualquiera o de estadística, sino una que ya se ha dado pues Escalonilla la ha vivido.

Sabido es, y en la historia está, que durante la celebración de una Eucaristía en 1885 un incendio hizo ceniza la primitiva imagen; que en 1936 de nuevo, la posterior al incendio, quedaba semidestruida teniendo que ser reconstruida años después. Y ésta, la misma que hoy vemos, ha tenido su última restauración en el año 2007.

Ninguno de estos acontecimientos restó a cenizas la fe del pueblo. Más bien estos hechos constatan una relación profunda del corazón escalonillero con el corazón de Dios, incluso más allá de una imagen. Una relación con lo Divino, personal y como municipio, que nos ha hecho y hace crecer como personas y como sociedad. Romperíamos  la cadena si somos la generación que constriñe la fe a una imagen que ha endiosado.

La alegría interior de vernos amados por un Dios vivo se desborda hacia el exterior haciendo fiesta. Nos lleva a entregarnos a Cristo y hacer de nuestra vida una entrega generosa a los hermanos. Unas fiestas en las que todo el pueblo participa y expresa su fe, estimulándonos a ser mejores en todos los sentidos.

Enhorabuena a todos los que vivís esta fiesta de corazón y como tal la habéis preparado. Son el punto de partida de este nuevo curso. Que sean impulso para estrechar seriamente la amistad con Cristo dándole lugar y tiempo en nuestras familias. Este trato con Él nos hace crecer como pueblo y como personas.

Él es la plenitud del hombre.

Francisco Sánchez- Brunete Chaves, sacerdote.

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