Los toques de campanas en Escalonilla.

Un jóven de nuestra parroquia y de nuestro pueblo, en concreto Carlos Jiménez Jiménez, ha estado investigando sobre los toques e historia de las campanas de la torre de nuestra parroquia, completando así el artículo que en otra ocasión publicaba el Padre Gonzalo  sobre los datos técnicos e históricos de nuestras campanas.

El Padre Gonzalo citaba que existe una inscripción frecuente en las campanas y que resume el sentido de sus sonidos: "Alabo al Dios verdadero, convoco al pueblo, congrego al clero. A los difuntos lloro, ahuyento el trueno, las fiestas embellezco.

A continuación se puede leer el artículo publicado por Carlos Jiménez Jiménez en el libro de las fiestas de este año 2017 y también disponible para descargar.

INTRODUCCIÓN

El pasado mes de Junio la comisión de cultura del Senado aprobaba la declaración del toque tradicional manual de campanas como BICI (Bien de Interés Cultural Inmaterial). Y es que el sonido de las campanas, en palabras del Doctor Llop I Bayo, “es invariable a lo largo del tiempo, lo que nos permite reconstruir los paisajes sonoros de nuestros municipios y transportar nuestra imaginación a tiempos pretéritos”. El sonido de las campanas ha marcado desde tiempos inmemoriales el día a día de la sociedad, especialmente en los pequeños municipios, y sus formas y sonidos han sido consideradas desde siempre una seña de identidad de cada pueblo. Tanto es así que es habitual encontrar nombres propios para cada campana, lo que permitía identificarlas.

El padre Gonzalo ya recogía en uno de sus artículos los datos técnicos e históricos a cerca de nuestras campanas, así como el nombre que recibe cada una de ellas, de acuerdo a la devoción del santo a que están consagradas. Y es que su sonido no es solo empleado como una señal para transmitir un mensaje a la comunidad, si no que al estar consagradas como instrumento litúrgico, su “voz” constituye un sonido hecho oración.

Escalonilla cuenta en su campanario con uno de los juegos de campanas más completos y mejor conservados de los pueblos del entorno, a lo que ha contribuido sin duda alguna la reciente restauración que han sufrido durante el transcurso de las obras del templo parroquial. Nuestras campanas poseen unos tamaños que guardan una relación ascendente más o menos constante entre unas y otras, lo que contribuye a que el sonido en conjunto sea bastante rico y armonioso.

Como decía anteriormente, es habitual encontrar nombres o motes para cada campana. Por ejemplo, en el caso de nuestro pueblo, la más celebre de todas ellas, la “Santa María Magdalena”, es mas conocida por todos como la “Campana Gorda”, por ser la de mayor tamaño de nuestra torre y la de sonido mas potente. Con 90 cm de diámetro de vaso, tras la reciente sustitución de su yugo, el conjunto de bronce y madera tendrá un peso próximo a los 800 kg.

Continuando por orden de tamaño nos encontramos, en el lado Oeste de la torre a la “Sagrada Familia”, a la cual también se conoce como “la Chica” (aunque su tamaño es muy similar al de la Gorda), y con sus 80 cm de diámetro de vaso, el conjunto de bronce y madera tendrá un peso cercano a los 500 kg.

En el lado Este de la torre encontramos a la “Santa María”, con 62 cm de diámetro de vaso, y un peso de conjunto aproximado de 300 kg. También se la conoce como “la Rota” al haber estado rajada hasta su reciente refundición. El testimonio más frecuente de cómo tuvo lugar el suceso, es que, durante el transcurso de la Guerra Civil, se quebró el día en que tuvo lugar la toma de Barcelona, tras un intenso volteo y repique que se llevó a cabo para anunciar el acontecimiento.

Finalmente en el lado Norte encontramos a la benjamín de nuestras campanas, la “Santa Bárbara”, conocida también como el “Campanillo”, que con sus 48 cm de diámetro de vaso, el peso del conjunto debe estar en torno a los 120 kg.

Los campanarios bien equipados poseen campanas fundidas “macho y hembra”, es decir, con sonido grave y agudo, para que sean complementarias unas de otras. En nuestro caso, la Gorda es el macho de la Chica y el Campanillo el de la Rota. Pero no nos dilatemos más en estos preliminares y veamos cuales y cuantos son los toques que han llegado hasta nosotros. Para hacer el abordaje más sencillo podemos clasificar los toques de campanas en base a la utilidad litúrgica o comunicativa que tenían. Así encontramos a grandes rasgos 3 grupos de toques: los toques de misa, los toques de difunto y los toques de oraciones y señales. En total suponen un conjunto de más de 20 toques diferentes, cada uno con una ejecución y significado propios. Salvo alguna excepción, no son los que se ejecutan actualmente, los cuales corresponden más bien a toques estandarizados que vienen de serie con los ordenadores que permiten el toque digitalizado de las campanas, por lo que, en la medida de lo posible, sería interesante su recuperación al constituir parte de nuestro patrimonio cultural.

  1. TOQUES DE MISA

5 son los toques de misa que poseía nuestra parroquia en función del rango litúrgico de la celebración. Así, de menor a mayor solemnidad de la función litúrgica, encontramos el toque de misa de feria (o misa de diario), el de misa primera de los domingos, el de misa cantada (o misa mayor), el de misa de fiesta y el de misa solemne. Estos toques de misa contaban con 2 o 3 llamadas también en función del rango litúrgico de la celebración.

1.1 Misa de diario: se ejecutaba con las campanas Gorda y Chica. La primera llamada, media hora antes de la misa, consistía en un repique sencillo en el que se tocaban alternas estas dos campanas (don, dan, don, dan…). La segunda llamada, unos instantes antes de dar comienzo la celebración, consistía en una serie de golpes simples con la campana Chica (creemos que en origen posiblemente fuesen 33 golpes por los 33 años de Cristo).

1.2 Misa primera: el toque se ejecutaba para llamar a la misa primera de los domingos, y poseía 2 llamadas que consistían en un balanceo (medio vuelo) del campanillo, media hora antes de misa y unos instantes antes.

1.3 Misa mayor o misa cantada: era el toque propio de las misas mayores de domingo. Estaba compuesto de 3 llamadas: media hora antes de misa, un cuarto de hora antes y unos instantes previos al comienzo de la celebración. La primera llamada se iniciaba con un repique alterno de la gorda y la chica, similar al ejecutado para la misa de diario, y finalizaba con unos 15 golpes sencillos con la campana Gorda. La segunda llamada consistía en una serie de golpes sencillos con la gorda, 15 minutos antes de misa. Finalmente, la tercera llamada consistía en una serie de golpes sencillos con la chica, de forma similar al toque de diario.

1.4 Misa festiva: se ejecutaba en los días festivos y sus vísperas, como en la Purísima, San José, la Asunción... La primera llamada consistía en un repique floreado de la Gorda y la Chica, rápido, alegre y con ritmos cambiantes, según la destreza del campanero, que necesitaba subir a la torre para ejecutarlo ya que requería ser ejecutado con las cuerdas de los badajos atadas muy cortas. Este es uno de los toques originales que aun podemos seguir escuchando cuando las campanas son repicadas de forma manual en los días festivos. Su segunda y tercera llamadas eran iguales que la segunda y tercera llamada del toque de misa mayor.

1.5 Toque de solemnidad: solo se ejecutaba los días más grandes del año para Escalonilla: en el Sábado de Gloria, Corpus Christi, la Magdalena y el Cristo. Tenía tres llamadas y en el intervenía el volteo de la campana Gorda. La primera llamada consistía en un repique de fondo de todas las campanas al que se superponía el característico “dalán dan” de la Campana Gorda volteando. Según la destreza del campanero, este volteo alternaba marchas hacia delante (escupiendo el sonido fuera de la torre), hacia detrás (escupiendo el sonido al interior del campanario, lo que aumentaba la reverberación y potencia del mismo) y paradas boca arriba de la campana. La segunda y tercera llamadas eran iguales que la segunda y tercera llamada del toque de misa mayor. Este toque también se usaba para las procesiones que tenían lugar esos días.

Así mismo durante las celebraciones litúrgicas también se usaban otros toques, como el de alzar a Dios, que consistía en tres campanadas al momento de elevar la Sagrada Forma y el cáliz, o el toque del gloria, muy similar al toque de misa festiva, ejecutado durante el canto del Gloria en las vigilias de navidad y pascual, así como en el Jueves Santo.

  1. TOQUES DE DEFUNCIONES

Dentro del segundo grupo, nos encontramos con 6 toques diferentes relacionados con la defunción de algún feligrés.

2.1 Toque de viático: antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II era costumbre llevar el viático a los moribundos de una forma solemne y en la que participaba toda la comunidad parroquial. Se formaban así las procesiones del viático, en las cuales salía el clero portando los Santos Oleos y la Sagrada Forma, a los cuales se unían los fieles que eran convocados, como no podía ser de otra forma, a toque de campana. Para ello, unos instantes antes de comenzar la procesión se daban 15 campanadas con la Gorda espaciadas en 3 grupos de 5 campanadas cada uno.

2.2 Toque de párvulos o “din don”: la tradición de la Iglesia recogía que cuando un niño moría antes de recibir la primera comunión, debido a que no había cometido pecados, su alma iba directa al cielo, por lo que tal suceso se anunciaba con un toque mas o menos alegre del campanillo (din) y la chica (don) y que venía a ser un repique alterno de estas dos campanas, algo mas pausado que los repiques de misa.

2.3 La defunción de un adulto se anunciaba con el toque de muerto o clamor: 33 campanadas con la gorda para los hombres y 30 para las mujeres. Según los honorarios que recibía el campanero por ejecutar el toque las campanadas eran más lentas o más rápidas, por lo que toques lentos y largos correspondían a difuntos pudientes y toques más rápidos a difuntos más humildes. Así mismo, se sumaban a este toque 5 campanadas con la chica para señalar si el difunto había recibido o no el viático, lo que permitía identificar si el difunto residía en el pueblo o era forastero. También a la señal de defunción se sumaban las señales de las hermandades que pagaba el difunto, de las cuales tenemos constancia del Santísimo, Sagrados Corazones, La Estrella y Santa Rita. Todo este complejo lenguaje de las campanas permitía finalmente saber con bastante exactitud la identidad del difunto.

2.4 Toque de misa de difuntos: el toque de misa de difuntos se ejecutaba para las misas funerales, así como para los entierros. Consistía en dos llamadas (media hora antes de misa y unos momentos antes) en las que se ejecutaba un doble de campanas pausado y monótono con la Gorda y la Chica, con una secuencia de campanadas que se repetía: dalón-dolán don dan dan don.

Este toque también era usado en la noche de ánimas, del 1 al 2 de noviembre, en la cual eran tañidas las campanas durante toda la noche para pedir oración por los difuntos así como para ahuyentar del pueblo a los malos espíritus que se decía andaban esa noche por la tierra.

2.5 Finalmente, y como toque de difuntos más solemne encontramos el de defunción de un pontífice, usado tan solo para indicar las defunciones de los pontífices y los arzobispos de Toledo. Consistía en 33 campanadas ejecutadas con todas las campanas a la vez de forma muy pausada (generándose un sonido potente y seco) y entre las cuales se intercalaba un tintineo rápido con el campanillo, el cual cesaba tras la campanada siguiente.

  1. TOQUES DE ORACIONES Y SEÑALES

Los toques de oraciones eran ejecutados todos los días del año y marcaban en buena medida el ritmo de vida de las gentes del pueblo. Así tenemos el toque de Buenos días, ejecutado a primera hora de la mañana, y que consistía en una serie de 9 campanas con la gorda repartidas en 3 grupos de 3 campanadas y a las cuales seguía un repique de la gorda y la chica similar al ejecutado para el toque de misa.

El toque de ángelus, ejecutado a medio día, que marcaba la hora de comer. Se trata de uno de los toques más peculiares con los que contaba nuestra parroquia, y su estructura no se asemeja para nada a otros toques registrados de ángelus, por lo que podría considerarse un toque genuino de Escalonilla. Consistía en una secuencia de campanadas con la gorda y la chica, cuyo ritmo era asemejado a la cancioncilla “talón tolán talón tolán la hora del pan”, que se repetía dos veces al inicio del toque, dos veces a la mitad y dos veces al final, entre las cuales se intercalaba un repique sencillo. La razón de ser de la arquitectura de este toque viene dada por la estructura de la oración del Ángelus:

V: El angel del señor anunció a María……………………………………………...1ª repetición

R: Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo……………………………2ª repetición

Ave María…………………………………………………………………………………………….repique

V: He aquí la esclava del señor…………………………………………………...........3ª repetición

R: Hágase en mi según tu palabra…………………………………………………...4ª repetición

Ave María………………………………………………………………………………… ………….repique

V: Y el verbo se hizo carne………………………………………………………............5ª repetición

R: Y habitó entre nosotros………………………………………………………………6ª repetición

Si bien sería conveniente recuperar todos los toques posibles, este último sería especialmente interesante debido a su singularidad y belleza.

El día le cerraba el Toque de Ánimas, que se ejecutaba al anochecer y marcaba el fin de la jornada. Su origen está en la costumbre de pedir por las almas del purgatorio (o ánimas benditas). Consistía en un repique lento de la gorda y la chica, con una secuencia que se repetía: dan-don dan don dan don.

Para finalizar tenemos toques de señales diversas, como el de rosario (ejecutado con la chica), el de confesiones (similar al de misa primera) y el muy conocido toque de arrebato, que se utilizaba para poner en alerta al pueblo de algún suceso (que con frecuencia solía ser un incendio) y que se ejecutaba dando campanadas con la gorda y la chica a l unísono y de forma rápida.

CONCLUSIÓN

Estos toques eran ejecutados de forma habitual, unas veces mediante las sogas que colgaban desde la torre y que llegaban hasta el baptisterio y otras subiendo al campanario. Algunos de ellos se ejecutaban todos los días del año, como el de Buenos Días, Ángelus y Ánimas (a los cuales se sumaban los toques de las misas

correspondientes del día) y tan solo dejaban de oírse entre el periodo comprendido entre el canto del Gloria del Jueves Santo y el canto del Gloria de la Vigilia Pascual, momento en que el sonido vibrante de los bronces era sustituido por el golpeteo seco de los martillos de madera de la matraca (o matrácula como se la conocía en Escalonilla popularmente), simbolizando que durante el periodo que permaneció Nuestro Señor en el sepulcro nadie salvo el madero de la cruz dio testimonio de él. Así, el sonido de las campanas ha formado parte de la vida de nuestros pueblos, y representa el primer medio de comunicación social de la humanidad, pues transmitían un mismo mensaje que llegaba de forma simultánea a un gran número de personas. Como citaba el padre Gonzalo, existe una inscripción frecuente en las campanas y que resume el sentido de sus sonidos: Alabo al Dios verdadero, convoco al pueblo, congrego al clero. A los difuntos lloro, ahuyento el trueno, las fiestas embellezco.

Como escalonilleros, desde el párroco al más anónimo de los feligreses, estamos todos llamados a conservar en la medida de lo posible este patrimonio inmaterial de nuestro pueblo, que nos liga con nuestros antepasados y nos une a aquellos que nos sucederán.

Carlos Jiménez Jiménez