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Revista "En Familia"

 



La Catedral de Moyobamba

LA CATEDRAL DE MOYOBAMBA

Casi las nueve de la noche. Preside el acto, como es natural, el Sr. Obispo Prelado de Moyobamba y le acompañan el Sr. Arzobispo de Toledo y Primado de España, y los señores Obispos de Chachapollas y El Callao. Comienza a sonar el órgano y se realiza un acto de bendición del mismo.

Ciertamente, y con el cansancio de la jornada en el cuerpo, y el calor, y la Catedral abarrotada de gente sentada y de pié, se hacía complicadillo mantener la atención. Algunos calculan que éramos unas dos mil personas más o menos. Yo no me dormí, pero alguno….Terminado, pasamos al comedor, aunque no había hambre, había más cansancio y sueño, pero bueno…

Antes yo había hecho algunas fotos de la catedral en plena ebullición de trabajos, pero que nos pueden dar una idea de la espléndida obra  realizada.

El día prometía calor. Calor por muchas razones. El sol lucía con fuerza ya a las seis y media de la mañana y calor porque había llegado el gran día. Habíamos quedado en juntarnos más o menos a la puerta de la Prelatura para después pasar a la sacristía y los lugares preparados para revestirnos.

Las reliquias del Beato José Polo Benito, Deán de la Catedral de Toledo, traídas desde la Ciudad gracias a la gentileza del Cabildo Primado.

Reliquias que quedarán bajo el altar de la Catedral de Moyobamba para siempre. Un toledano de “antes” donde los toledanos de ahora. Un signo profético y una señal de la vitalidad y entrega de nuestros sacerdotes de antes y de ahora para siempre.

Tras la ceremonia de Consagración de la Catedral el Sr. Obispo Prelado agradece en la homilía el trabajo de sus antecesores. “Hoy, recuerda D. Rafael, estamos sobre los cimientos de lo que ya empezaron quienes me precedieron y esto que vemos es sólo una pequeña parte de lo que ellos soñaron para esta Ciudad y para esta Iglesia Particular de Moyobamba…”

Agradece a todos los que desde todas partes del mundo, y de forma especial a los sacerdotes, han contribuido a que esto sea realidad. Pero hago mención especial a D. José María Cabrero, Vicario General y Párroco de esta iglesia, dijo D. Rafael, porque él ha sido el que ha llevado todo el peso y la responsabilidad durante todos estos años.

A esta celebración han acudido de todas partes más de dos mil quinientas personas. GRACIAS A TODOS.

Tras el almuerzo, reunión individual con cada uno de los laicos misioneros toledanos con el Sr. Arzobispo. Al día siguiente… el Seminario.

Yo tengo que regresar a Lima para preparar las actividades con los sacerdotes de la Diócesis de Lurín. Hay que salir no más tarde de las cuatro porque el camino es largo y estará cortado por mil partes antes de llegar a Tarapoto. No hay tiempo para cambiarse de ropa ni reposar un poco.

Las despedidas son siempre un poco tristes, pero esta vez, esperanzadas. Me despido de todos y cada uno de nuestros amigos sacerdotes y les reitero que aquí estamos para lo que necesiten y que les queremos, que no están solos.

Con un fuerte abrazo a D. Rafael le expreso mi gratitud y agradecimiento, mi acción de gracias por lo vivido estos días y por la amistad.

D. Enrique del Álamo espera ya en la camioneta. Queríamos estar juntos y hablar. Hablar de muchas cosas. Gracias Kike.

Mi avión salía a las nueve y él quiso estar allí hasta esa hora. Yo sabía que tenía que regresar solo hasta Moyobamba y eran unas cuantas horas de camino precisamente por una carretera que no es la M-50.

Cuando aún estaba volando llegó un SMS a mi teléfono celular que tal vez resuma estos días vividos en este lugar del mundo donde trabajan 16 hermanos nuestros del Presbiterio Diocesano de Toledo.

“…el camino muy tranquilo, ni me han asaltado ni na. Muchas gracias por estos días. He disfrutado mucho…”

Yo también he disfrutado y soy muy optimista.

Adios.